Martín Lutero: La otra cara

Un día como hoy nació Martín Lutero, gran teólogo que protagonizó la reforma protestante en el siglo XVI. Reforma que se inició cuestionando la venta de indulgencias de la Iglesia Católica.

Su movimiento culminó con la división de naciones enteras. Por un lado, aquellos que siguieron fieles a la autoridad papal y por otro, los disidentes. Disidentes que se subdividieron en cientos de denominaciones protestantes en la actualidad.

Pero, más recientemente, Martín Lutero inspiró la creación de la figura más vendida en la historia de Playmobil, la empresa alemana que compite con la firma danesa Lego.

Martín Lutero y sus semillas del odio

Sin duda es destacable su labor en criticar abiertamente la religión predominante y sus evidentes falencias valóricas. Pero la admiración colectiva suele esconder su otra cara. Porque lejos de ser un personaje bonachón y benévolo -como sugiere el juguete de Playmobil- cultivó un odio que sirvió para pavimentar el camino de la “solución final” de Hitler, muchos años después.

Es por eso que aprovecho de citar algunos segmentos de su libro “Sobre los judíos y sus mentiras” (1543), donde elabora sus ideas racistas. Empezando esto con un memorable prólogo justificando la necesidad de su trabajo:

Ya me he convencido de no escribir más sobre los judíos o en contra de ellos. Pero desde que me enteré de que aquellos miserables y malditos no cesan de ser un engaño para ellos mismos y para nosotros los cristianos. Yo he publicado este pequeño libro…

Como es esperable, el teólogo continúa su libro declarándose como un piadoso y virtuoso hombre humilde. Y no solo eso, sino que sólo cumple su deber en denunciar a aquellos miserables y malditos judíos, para  luego llegar al clímax en el capítulo 11, donde enumera siete medidas para poner bajo control a los peligrosos infieles. Allí recomienda incluso ejecutar o amputarle una extremidad a los rabinos, aunque sin deseos de venganza alguna, ya que a los judíos les esperaría “una venganza mil veces peor” de mano divina (Cap. 11, §1).

¿Qué debemos hacer, nosotros cristianos, con los judíos, esta gente rechazada y condenada? Dado que viven con nosotros, no osamos tolerar su conducta ahora que estamos al tanto de sus mentiras, sus injurias y sus blasfemias (…) He aquí mi sincero consejo:

En primer lugar, debemos prender fuego sus sinagogas o escuelas y enterrar y tapar con suciedad todo lo que no prendamos fuego, para que ningún hombre vuelva a ver de ellos piedra o ceniza. Esto ha de hacerse en honor a Nuestro Señor y a la cristiandad, de modo que Dios vea que nosotros somos cristianos y que no aprobamos ni toleramos a sabiendas tales mentiras, maldiciones y blasfemias a Su Hijo y a sus cristianos.

En segundo lugar, también aconsejo que sus casas sean arrasadas y destruidas. Porque en ellas persiguen los mismos fines que en sus sinagogas. En cambio, deberían ser alojados bajo un techo o en un granero, como los gitanos. Esto les hará ver que ellos no son los amos en nuestro país, como se jactan, sino que están viviendo en el exilio y cautivos, como incesantemente se lamentan de nosotros ante Dios.

En tercer lugar, aconsejo que sus libros de plegarias y escritos talmúdicos, por medio de los cuales se enseñan la idolatría, las mentiras, maldiciones y blasfemias, les sean quitados.

En cuarto lugar, aconsejo que de ahora en adelante se les prohíba a los rabinos enseñar bajo la pena de perder la vida o extremidad. Pues con razón han perdido el derecho a tal oficio al tener cautivos a los judíos inocentes con el dicho de Moisés en el cual les ordena que obedezcan a sus maestros so pena de muerte, aunque Moisés claramente agrega: “cuidarás de hacer según todo lo que te manifiesten de acuerdo con la ley de Jehová tu Dios”. Estos villanos hacen caso omiso de esto. Sin ningún miramiento emplean la obediencia de gente inocente en contra de la ley del Señor y les infunden este veneno, maldición y blasfemia.

En quinto lugar, que la protección en las carreteras sea abolida completamente para los judíos. No tienen nada que hacer en las afueras de las ciudades dado que no son señores, funcionarios, comerciantes, ni nada por el estilo. Que se queden en casa. (…) Si vosotros, grandes señores y príncipes, no prohíben con la ley que estos usureros circulen por las carreteras, algún día se juntará una tropa contra ellos, que habrá aprendido de este libro la verdadera naturaleza de los judíos y la manera de tratar con ellos en vez de proteger sus actividades. 

En sexto lugar, aconsejo que se les prohíba la usura, y que se les quite todo el dinero y todas las riquezas en plata y oro, y que luego todo esto sea guardado en lugar seguro. La razón para una medida como esta, como ya se dijo, es que no tienen otro medio de ganarse la vida que no sea la usura, por medio de la cual nos han hurtado y robado todo lo que poseen. Este dinero no debería ser usado de ningún otro modo que no sea el siguiente: En el caso de que un judío sinceramente convertido, le serán entregados cien, doscientos o trescientos florines, según lo sugieran las circunstancias personales. Con esto, podrá establecerse en alguna ocupación para mantener a su pobre esposa e hijos y para el cuidado de los ancianos y los enfermos. Porque estas funestas ganancias están malditas si no son usadas con la bendición de Dios en una causa buena y digna.

En séptimo lugar, recomiendo poner o un mayal o una hacha o una azada o una pala o una rueca o un huso en las manos de judíos y judías jóvenes y fuertes y dejar que coman el pan con el sudor de su rostro, como se le impuso a los hijos de Adán. Porque no es apropiado que nosotros, malditos, trabajemos sin descanso en el sudor de nuestros rostros mientras ellos, la santa gente, se pasen las horas haraganeando junto al hogar, dándose festines y expeliendo sus ventosidades, y, como si fuera poco, haciendo alarde con blasfemias de su señoría por encima de los cristianos por medio de nuestro sudor. No, debemos deshacernos de estos perezosos delincuentes por las asentaderas de sus pantalones. Pero si tenemos miedo de que pudieran dañar a nuestras esposas, hijos, sirvientes, ganado, etc., en el caso de que tuvieran que servirnos y trabajar para nosotros —lo cual es razonablemente lógico dado que estos nobles señores del mundo, y venenosos y resentidos gusanos no están acostumbrados a trabajar y además se mostrarían muy renuentes a rebajarse de tal modo frente a los malditos goy—, entonces emulemos el sentido común de otras naciones como Francia, España, Bohemia, etc., calculemos junto con ellos cuánto nos ha arrancado la usura, dividámoslo, dividámoslo conciliatoriamente, pero luego expulsémoslos del país para siempre.

No sorprende entonces que sus consejos fueran adoptados por Adolf Hitler, aunque extendiendo la pena de muerte para rabinos a todos los judíos.

Hitler ordenó el pogrom contra judíos conocido como la Kristallnacht («noche de los cristales rotos») precisamente en la víspera del natalicio de Lutero, y también lo elogió en Mein Kampf («Mi Lucha»), donde el genocida aclama al teólogo como un gran reformador y guerrero (vol I. capítulo VIII). Creo que esto bastaría para que la denominación luterana quisiera cambiar de nombre, aunque no lo han hecho todavía…

Para terminar, la figura de Playmobil fue ideada en conjunto con asesores de la Junta Nacional de Turismo de Alemania y lanzada al mercado en el 2015, conmemorando los 500 años de la Reforma. Sin duda fue un año complicado para Playmobil, ya que incluso con el éxito de ventas del pequeño antisemita, ese año coincidió con el lanzamiento de su infame figura pirata de raza negra con accesorios de esclavo…

Marcos Telias

Marcos Telias

Codirector de Acción Secular. M.D. y Diplomado en Religiones Comparadas.