Privilegios procesales de las autoridades religiosas y su inminente término

Se acaba de aprobar, en la Cámara de Diputados, el proyecto de ley que elimina los privilegios procesales para las autoridades religiosas en Chile. Hace menos de un mes se aprobó el proyecto en la comisión de constitución, y hoy está a pocos pasos de convertirse en una realidad.

¿Sabía usted que si un obispo se ve envuelto en un proceso civil, este puede quedarse en su casa esperando a que el Tribunal de Justicia se traslade a verlo? Ya quisiera Mahoma que la montaña fuera hacia él.

Autoridades religiosas mantienen privilegios procesales hace más de cien años

En Chile se establecieron, a comienzos del 1900, unos artículos* al Código de Procedimiento Civil que le otorgan ciertos beneficios a una serie de figuras relevantes para el Estado. Personas como el/la Presidente, Ministros(as) de Estado, miembros de la Corte Suprema, Fiscales Judiciales y otros, gozan de algunos privilegios procesales. Sin embargo, estos privilegios datan de una época en la que aún no se separaba la Iglesia del Estado. Y por lo mismo se incluyeron también a todas las autoridades religiosas católicas, desde los arzobispos hasta los párrocos e incluso los novicios.

Si es usted la máxima autoridad de una agrupación budista o incluso la encarnación misma de Poseidón, no tendrá tantos privilegios procesales como su vecino novicio.

(*): específicamente, el artículo 361

¿Y cuáles son estos privilegios procesales?

En este caso, dichas autoridades religiosas tienen la facultad de simplemente no concurrir a los Tribunales de Justicia en caso de estar involucrados en un proceso civil. Y para poder tomar sus declaraciones, es el mismo tribunal el que tiene que trasladarse hasta el domicilio de estas personas. Ni más, ni menos.

¿Tenía sentido en una época en que la Iglesia Católica era una autoridad legal? Por supuesto. ¿Tenía sentido en una época en que se pensaba que el clero era puro e inocente? Claro que sí. ¿Tiene sentido cuando ya aprendimos que no se debe privilegiar a nadie según su creencia religiosa personal? Para nada. ¿Tiene sentido cuando ya se descubrieron las escandalosas maquinarias de depredación sexual que operan sistemáticamente dentro de la Iglesia? Por ningún motivo.

Fin a la posición abusiva de las autoridades religiosas

Y de la Iglesia en general. Porque ya nos enseñó la historia qué ocurre cuando una religión conquista el poder político. Y la misma Iglesia nos enseña, caso aislado a caso aislado, por qué es tan importante dejarla donde debe estar. Porque tanto la Iglesia, como cualquier otra congregación con fines espirituales, son pertinentes al espacio individual. Son entidades que operan dentro de los límites de la libertad de pensamiento y de conciencia de cada persona. Y por el hecho de no ser, en ningún caso, universales, no deberían tener ningún privilegio propio de figuras que sí son parte de un proceso democrático y realmente representativo en un país.

El laicismo es un valor claro y fácil de entender: todas las personas deben gozar de las mismos derechos para pensar y creer en lo que estimen conveniente. Y nunca una persona debería tener privilegios solo por el hecho de adherir a determinada creencia religiosa.

La eliminación de estos arcaicos privilegios es solo una parte de todo el trabajo por hacer. De todo el trabajo pendiente para alcanzar una sociedad realmente justa para todos. Hasta ahora aún había personas con privilegios procesales solo por ser parte de un grupo religioso. Todavía tenemos a líderes religiosos en posiciones ventajosas, como los capellanes en las Fuerzas Armadas o el capellán exclusivo de La Moneda. E incluso aún estamos dejando en manos de la misma Iglesia la investigación y penalización de sus propios pecados y falencias desde sus organizaciones pederastas.

Pedro Stein

Pedro Stein

Codirector y Vocero de Acción Secular. Publicista con formación en comunicación y marketing estratégico. Dedicado a entrenar a personas en oratoria y técnicas de comunicación. Dicen que también es locutor.