Este es mi problema con el Te Deum

Se acerca del cuestionado Te Deum del catolicismo este año junto a sus constantes polémicas. Y todo parece indicar que el gobierno sigue negando el laicismo del Estado. Porque el Presidente de Chile avala al Te Deum, a través de Twitter, como una actividad oficial y para todos los chilenos. Además valida la autoridad sobre este del Vaticano. Y para no detenerse ahí, reforzó el mensaje señalando que la justicia, en el caso de Ezzati (quien se estaría bajando de la actividad), está en manos de la organización católica.

Particularidades en el Te Deum de este año

El Arzobispo Ezzati es un líder católico imputado por presuntos encubrimientos en algunos de tantos casos de abusos sexuales, muy recurrentes en esa Iglesia. Y desde el 2011 ha sido quien preside estas misas extraordinarias, dando sermones a nuestras autoridades, presionando por preservar tradicionalismos y por mantener la influencia de su institución. Pero este año, a raíz de su procesamiento por los casos de violación de menores, decidió abstenerse de participar. Aunque lo hace desde una postura defensiva y restando relevancia a los reales motivos (abajo más detalles).

Además este año volvemos a tener a un gobierno del área más tradicionalista de la política. Y hace poco vimos al Presidente Piñera reforzar, en redes sociales, la idea de que el Te Deum sea una actividad oficial y para todos (querámoslo o no). Y no solo eso, sino se refiere al caso de los abusos implicando que es el Vaticano la institución importante en el proceso penal.

La indolencia de Ezzati

Sí, se bajó del Te Deum; para aplaudirle. Pero así como el dicho dice que “calladito te ves más bonito”, la carta que envió no hace más que dejarnos una sensación de indolencia y proteccionismo sin piedad de su parte. ¿Veamos algunas de sus frases para el bronce?

“Durante cinco días en Punta de Tralca hemos reflexionado acerca de la profunda crisis que vive nuestra Iglesia, la cual exige de nosotros cambios urgentes, partiendo por una opción concreta y preferencial por los que sufren (…)”

Sr. Ezzati: la agrupación religiosa que usted representa no está “sufriendo una crisis”, sino que es su Iglesia la que ha provocado una crisis causando sufrimiento a sus víctimas. Y no se trata de contar con distintas opciones, porque no existen. La única opción moralmente considerable es que no obstruyan a la justicia y que dejen de abusar sexualmente de menores. Ustedes no son los que sufren la crisis, sino que son ustedes los que constantemente alimentan esos sufrimientos mediante sus perversiones y corrupciones glorificadas.

“Aunque me duele que sea mi nombre el que concite diferencias y dudas (…)”

Y no, no se trata de que su nombre genere ciertas dudas o haga visibles diferencias. Es usted, como persona, quien mediante sus presuntos actos, por los que se le imputa, y por la institución a la que representa, quien se ha instaurado como niño símbolo de los habituales encubrimientos de delitos sexuales en su Iglesia.

Insistiré hasta el cansancio con tener muchísimo cuidado con las estrategias de comunicación que usan estas personas. Porque, casi sin que se note, buscan disminuir la gravedad que se percibe de sus actos. Son palabras escogidas con pinzas para distorsionar su imagen frente a sus pecados.

Y para terminar esta sección quisiera destacar dos frases preocupantes:

“Como pastor quiero contribuir a la construcción de un mayor clima de confianza y de convivencia nacional (…)”

“(…) esta ceremonia republicana de carácter ecuménico al servicio de la paz y la unidad de la nación.”

Convengamos una cosa: el Te Deum es una actividad exclusivamente abrahámica. Es propia y exclusiva de las religiones cristianas. No es, bajo ninguna circunstancia, una actividad propia de una república laica. Es hoy, de hecho, una actividad que la Iglesia utiliza para reforzar su influencia sobre las decisiones de Estado.

Piñera contra el laicismo

Hace pocas horas el Presidente de Chile tuiteó lo siguiente:

¿Y qué es lo preocupante? Lo preocupante es que indique que todos los chilenos se deben unir en agradecer al dios del cristianismo. Estamos en un Estado que debería ser laico y es impresentable que su máximo representante apoye tan explícitamente la religiosidad del mismo. Y no solo eso, sino que señala dos ideas más que también me preocupan: que es consecuencia de ese agradecimiento religioso el valorar la bajada de Ezzati (y no la ética), y que sería “doloroso” que un imputado por casos de abusos sexuales no le de un sermón a los mandatarios del país.

Pero no solamente eso, sino que también se fue contra el laicismo en una desafortunada, y ojalá no intencionada, selección de palabras. Porque acerca del caso de encubrimientos de casos de violación, su Ministro del Interior dijo que “el Presidente de la República ha sido claro en señalar que, más que adelantarse a los hechos, espera que todos los antecedentes están en manos del Vaticano, del Papa Francisco, y esperamos que exista un pronunciamiento de quien corresponda”. Es decir, pareciera que le es más importante que maneje los antecedentes la institución que acoge a estos violadores, que la justicia del país que él mismo preside. Y no solo eso, sino que implica que lo que corresponde, es que esa institución solo “se pronuncie”. Quizás estoy equivocado, pero creo que es muchísimo más importante que la justicia castigue a los culpables y no qué quiera o no quiera decir la organización que los acoge.

Imposiciones de conciencia en el Estado

Con todo esto nos podemos hacer una idea de cómo el gobierno actual protege y avala este tipo de imposiciones religiosas. No están a favor de un Estado laico, donde primaría la libertad de pensamiento y de conciencia. Porque para poder vivir en armonía, y sin represión por formas de pensar y creer, es fundamental que el Estado se abstenga de temas religiosos. Así todos, de cualquier credo (o carencia de uno), serán igualmente representados por sus autoridades.

Pero en este caso el Estado está posicionando a organizaciones cristianas como entes valiosos para la toma de decisiones. Porque el Te Deum no es solo una celebración inocua en que las autoridades se presentan como meras visitas. El Te Deum es una ceremonia solemne en que quien la dirige da discursos morales, indicando qué, según ellos, es lo importante considerar en las labores del gobierno. Es donde personas como Ezzati sermonean a nuestros presidentes para intentar imponer sus particulares sistemas morales. Buscan imponer tradicionalismos, como que el matrimonio sea un privilegio solo de parejas heterosexuales o que el Estado deba proteger a toda vida desde su concepción (refiriéndose en realidad solo a los embriones humanos).

Y lo grave de esto es que actualmente la Iglesia ya es una organización con una fuerte influencia en el Estado. Por lo tanto, que el gobierno asista de manera oficial a esta declaración de principios y exigencias, reafirma esa influencia y hace reconocer el valor que se le otorgan a las mismas.

El Estado debe ser garante de la libertad de pensamiento y de conciencia de las personas

Por todo lo anterior es que valoramos la oportunidad de convertirnos realmente en un Estado laico. Un estado que asegure que todos tengamos libertad para pensar y creer según nuestras propias convicciones. Y no uno que apoye, directa o indirectamente, la imposición de creencias o formas de pensar. Es impresentable que un gobierno decida sobre la vida de las personas según lo que una organización tradicionalista, y nunca democrática, predique.

Es importantísimo que el Estado sea garante de la libertad de pensamiento y conciencia, tanto en concepto, como en palabra y en acción. En concepto es que el Estado sea identificado y aceptado como secular, sin dar preferencia a ninguna religión en particular. En palabra es que su discurso demuestre en todo momento que respeta estas libertades que nacen del laicismo, validándolo y nunca rechazándolo. Y en acción es que todos las decisiones que emanen de él lo hagan desde una posición secular.

Chile es laico en concepto. Todos asumimos que se trata de un Estado laico, o que al menos debería serlo. Sus autoridades no han rechazado esa idea y la constitución reconoce que existe una separación entre el Estado y las Iglesias. Pero en palabra solo un tuiteo nos basta para ver que no. Y en acción solo basta ver la cantidad de leyes, aún vigentes, que privilegian a un sector religioso en particular (penalización del aborto, privilegios procesales penales para católicos, obligación de los colegios a dictar clases de religión, etc.)

Basta de normalizarlo. Comencemos a reconocer el problema

Porque la influencia del Te Deum, tanto por discurso como por lo que representa, es innegable. El gobierno está admitiendo públicamente que le son valiosas las ideas que la Iglesia impone, y creo que todos sabemos el poder que aún tiene el catolicismo en Chile. Por lo que no podemos quedarnos callados cuando vemos manifiestos de semejante índole.

El no decir nada ante esto, o despreciar las voces de alarma con frases como: “Ay, pero qué tiene, si solo es una ceremonia”, es mantener voluntariamente un marco de aceptación. En este tipo de asuntos no hay realmente una posición de “abstención”. Porque cuando un gobierno ya decidió que va a privilegiar a una Iglesia, el abstenerse es aceptar que lo consoliden.

Esto es un problema relevante, significativo y que toca una de las bases fundamentales de nuestro Estado.

Pedro Stein

Pedro Stein

Codirector y Vocero de Acción Secular. Publicista con formación en comunicación y marketing estratégico. Dedicado a entrenar a personas en oratoria y técnicas de comunicación. Dicen que también es locutor.