Diputados evangélicos y lo que SÍ nos debería preocupar

El mundo religioso fundamentalista logró posicionar a dos diputados evangélicos en el congreso hace pocos días. Y ojalá hubieran sido solo dos diputados que casualmente son evangélicos. Sin embargo no, sino que son dos diputados fundamentalistas, activistas y dirigidos.

El valor del laicismo y cómo estos dos diputados evangélicos lo amenazan

El laicismo en Chile ha estado siempre en un delicado balance. Y esto es un balance entre no existir y existir de forma bastante austera. De hecho el Estado chileno se reconoce como separado de las Iglesias, mas no laico. No se rige por normas religiosas, pero sí las toma en cuenta y se deja influir por ellas.

El laicismo es el valor fundamental de cualquier Estado para asegurar libertad de conciencia entre las personas. Libertad de conciencia entre religiosos y no religiosos. Un Estado ateísta prohibiría las religiones y un Estado religioso forzaría la suya (prohibiendo otras). Por otra parte, un Estado laico permite todas, asegurando una cancha pareja para todos. Y ese es el valor fundamental del laicismo: el permitir que todos tengan igualdad de derechos.

Entran en escena estos dos diputados fundamentalistas…

Y sus nombres son Eduardo Durán (pastor), ahora diputado por el distrito 13 (El Bosque, La Cisterna, San Ramón, Pedro Aguirre Cerda, San Miguel y Lo Espejo) y Francesca Muñoz, ahora diputada por el distrito 20 (Talcahuano, Hualpén, Concepción, San Pedro de la Paz, Chiguayante, Tomé, Penco, Florida, Hualqui, Coronel y Santa Juana). Ambos como parte de Renovación Nacional y una agrupación de otros 22 candidatos evangélicos fundamentalistas. Y más aún, agrupados bajo el lema «Un Chile para Cristo» (directo y sin eufemismos).

Este tipo de personas buscan beneficiar a sus instituciones religiosas antes que al común de las personas. Y eso es algo que nos debe preocupar. El mismo Eduardo Duran dijo durante el polémico Te Deum de este año:

Hoy son otros molinos de viento que debemos enfrentar, que se traducen en la promulgación de leyes que van en contra de todos nuestros principios, violentan nuestra conciencia y que también violentan nuestra fe.

Un discurso dicho sin ser obispo, sino solo hijo del reconocido obispo de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile-Catedral Evangélica, Eduardo Durán Castro. Discurso que podemos traducir en: «Estamos en contra de las leyes que contradigan las de nuestra Biblia, porque atentan contra nuestra institución religiosa». O al menos eso diría si fuera más directo y transparente en su expresión.

Este tipo de diputados evangélicos activistas, buscan beneficiar a sus instituciones y no al común de la gente

Porque vienen con intenciones abiertamente proselitistas y fundamentalistas; no civiles. Tal y como anunciaba el infame pastor Soto, acerca de sus deseos de que los evangélicos tomen el poder en Chile para limpiarlo de la «inmundicia».

Recordemos que si bien el enfermizo pastor no es apoyado por gran parte de otras Iglesias evangélicas, sí representa una forma de pensar común entre evangélicos. Quizás muchos no tengan ese extraño sentido de la dignidad que les permita gritar con megáfono frente a La Moneda, pero sí comparten las mismas opiniones. Porque aunque no lo griten, sí consideran cierto todo lo descrito en su libro preferido. Y me refiero a pasajes tolerantes y amorosos como 1 Corintios 6:9, Génesis 3:16, Levítico 20:13 o Isaías 65:11-13.

Por lo tanto, no será de extrañarse ver a estos diputados evangélicos ir en contra de todos los avances en derechos civiles que hemos logrado últimamente. Buscarán activamente retroceder en derechos reproductivos, de identidad o de conciencia. Y eso es buscar el beneficio de sus creencias religiosas en desmedro del bien común. Sus focos nunca han sido las personas representadas en sus distritos.

¿Qué ocurre cuando la religión comienza a adquirir poder político?

Cosas malas; pasan cosas malas. De hecho cada vez que las religiones han adquirido poder político pleno (un gobierno), hemos tenido pesadillas históricas. Ya tuvieron su turno los católicos durante la Santa Inquisición, torturando y asesinando a todos quienes no adherieran a su creencia. También los budistas durante mandatos como el del 14° Dalai Lama y sus esclavos avalados por el gobierno. Y están teniendo su turno ahora los musulmanes en el Estado Islámico, siguiendo al pie de la letra las indicaciones de su propio libro sagrado abrahamista.

Afortunadamente esos son casos de solo algunos países con un total descontrol de sus religiones fundamentalistas. Y por lo mismo en Chile es muy difícil que lleguemos a semejantes niveles. Sin embargo, el terminar por erradicar el laicismo sería volver a poner la primera piedra de un Estado religioso.

En nuestro caso no peligran nuestras vidas, pero sí el avance que hemos alcanzado en temas sociales. Y digo esto porque las posturas de estos diputados evangélicos están bastante claras: ¿Matrimonio igualitario? Olvídenlo. ¿Derechos reproductivos? Ni lo sueñen. ¿Libertad de pensamiento y conciencia? Buen intento. Y los últimos baluartes legales de un casi extinto Estado religioso, como el DS 924, serán defendidos por uñas y dientes por estos nuevos parlamentarios.

No serán muchos, pero tienen una fanaticada más fiel que lo que muchos ya quisieran

Eduardo Durán y Francesca MuñozPorque muchos otros diputados gozan de una fama efímera. Un minuto son aclamados por sus fanáticos, y un par de años después el cariño ya está un poco diluido. Y esto porque sus votantes suelen votarlos por sus iniciativas y promesas, más que por sus principios personales. Pero esto con los diputados evangélicos es distinto, porque son votados por sus creencias y convicciones; son votados por quiénes son. Y dentro de lo que son, omitiendo el tentador análisis ético, son personas muy firmes, claras y transparentes en sus intenciones.

Para un seguidor de estas ramas del cristianismo, un diputado evangélico, transparente y decidido, inspira confianza y potencia esa fidelidad ciega de la que suelen gozar estos grupos religiosos. No hay peligro de codicias personales que inspiren desconfianza; diputados evangélicos y votantes tienen las mismas codicias fundamentalistas.

Y no se parapetan solo tras esa fanticada recalcitrante, sino también tras el concepto de tolerancia. Porque en su posición es muy fácil exigir tolerancia, incluso aunque sea para defender lo opuesto a la tolerancia.

La protección de lo políticamente correcto (en apariencia)

¿Existe una expresión mejor recibida que la de tolerancia por todo tipo de creencias? Fíjense en esto: ¿Recuerdan que mencioné los régimenes islámicos? Han llegado a tal punto de orquestar ataques homicidas masivos contra otras culturas solo por no adherir a la suya. Y esto ha generado un fuerte sentimiento defensivo ante el islamismo en general; algo totalmente entendible. Sin embargo, apenas se plantean algunas opciones, como la reeducación de niños inmigrantes para su adaptación armoniosa a sus países de llegada, aparecen estas banderas de pseudohumanismo. Aparecen banderas que plantean que cualquier tipo de cuestionamiento de sus modos de vida, sería «islamofobia». No importa si incluso en su libro sagrado se dice explícitamente que la gente ajena a su religión debe ser combatida y asesinada, porque se considera más importante tolerar todo (TODO).

Y ni debería ser necesario especificarlo, pero aquí hablo de ser razonable y evitar difundir ideas abiertamente sediciosas. Ejemplo: ¿Existe alguna persona en el mundo que considere bueno y correcto permitir que se difunda material abiertamente homofóbico o sexista en televisión? De hecho lo que ocurre actualmente es exactmanente lo contrario: reaccionamos y levantamos la voz rápidamente apenas vemos algo así. Entonces, ¿por qué con las facetas violentas de la religión pensamos distinto?

El pseudohumanismo en defensa del fundamentalismo religioso

Y la relación de eso con nuestros nuevos y flamantes diputados evangélicos, es que ellos también gozan de inmunidad moral. De hecho saben perfectamente lo fácil que les resultaría escudarse tras ese falso humanismo. Porque hay una delgada línea que separa el restringir ideas violentas o represoras vs. restringir a personas. Y aquí es muy fácil alegar contra lo segundo cuando alguien critique la posición moral (lo primero) de estas personas.

Muestra: he aquí un debate reciente en que un pastor recurre a ese recurso cuando se plantea el tema del laicismo.

Es muy fácil alegar «intolerancia» hacia sus particulares creencias cuando ven al laicismo como una amenaza frente a sus agendas proselitistas y represoras.

No es necesario evitar que lleguen al poder

Porque estos diputados evangélicos ya lo hicieron y no hay mucho que se podría haber hecho. Porque tal como dijo Winston S. Churchill: «La democracia es el peor sistema de gobierno, salvo por todo el resto». Algunos podrían rechazar la idea de que este tipo de religiosos lleguen a instancias de poder, pero es parte de lo que define a la democracia.

Nuestra preocupación no puede estar en quién llega o no llega al poder, sino en dónde ponemos nuestra atención. En dónde ponemos nuestra atención, nuestras reflexiones, y nuestras palabras. Porque si bien el discurso público puede atraer y convencer al público indeciso, son los diálogos entre las personas lo que realmente asienta las ideas de forma sólida. Es la conversación de sobremesa, el sano debate en redes sociales y la voz en nuestros círculos sociales lo que realmente genera ideas fuertes. Un discurso en una congregación puede llamar la atención, pero es la conversación entre cercanos la que lleva finalmente a una decisión.

El real potencial de la democracia: reflexionar, compartir ideas y alzar la voz.

Porque de nada sirve exigir prohibiciones o reclamar contra el viento. Lo que sí nos da poder, esperanzas y resultados, es el hacer uso de las herramientas que SÍ podemos usar en un sistema como el actual.

No nos salió gratis tener ahora la posibilidad de pensar y decir lo que queramos. Y por lo mismo son facultades valiosas y que sí pueden generar cambios. Este mismo espacio, esta columna, es una muestra de lo que sí podemos, y deberíamos hacer todos.

Si bien no podemos pedir que saquen a estos diputados evangélicos, sí podemos estar atentos a todo lo que propongan o reclamen. Y no solo observar, sino que actuar: alzar la voz y provocar una toma de consciencia. No volver a dejar que se vuelvan a establecer normas represivas por mera pasividad nuestra. Porque en un mundo como el actual, donde el acceso al diálogo y la información es casi absoluto, nuestras voces SÍ son escuchadas, SÍ generan un efecto y SÍ definen nuestro futuro.

El llamado es a observar lo que ocurre alrededor, es a levantarnos de nuestros asientos, es a usar nuestras voces.

Estemos MUY atentos.

Pedro Stein.

Pedro Stein

Codirector y Vocero de Acción Secular. Publicista con formación en comunicación y marketing estratégico. Dedicado a entrenar a personas en oratoria y técnicas de comunicación. Dicen que también es locutor.