Educación laica y su defensa desde el catolicismo

Una de las discusiones en las que se puede palpar más claramente alguna tensión interna del cristianismo, es en la relativa a la educación laica. Por un lado, sectores seculares han abogado por el cese de las clases de religión encontrando una fuerte oposición en sectores catalogados “religiosos”. Y nosotros, como cristianos, debemos observar esta disputa como una oportunidad para demostrar el verdadero poder de nuestra Fe. Intuitivamente podría sostenerse que la posición que ha de ser ocupada por el creyente es aquella que aboga por mantener las clases de religión en los colegios. Sin embargo, ¿es esta la forma en que la transmisión espiritual pueda hacerse efectiva? Desde un punto de vista teológico-espiritual la respuesta es negativa.

La educación laica acorde al verdadero cristianismo

Impartir clases de religión no asegura, desde un punto de vista teológico, una propagación de las enseñanzas de Cristo. Dios no es un sujeto que pueda ser traspasado unilateralmente bajo la estructura profesor-alumno. Esto porque no es una materia, una fórmula ni un conjunto de ideas morales que puedan ser transmitidas sin una disposición espiritual de todos sus intervinientes. Para Dios, la imposición –aunque sea de sus ideas- no es nada más que un atentado contra su propia naturaleza. Dios es libertad y como tal, opera en formas que no tenemos por qué conocer.

Por otro lado, suele argüirse que apoyar una educación laica es propio de una postura “anti-religiosa”. Pero esta imputación es falsa toda vez que el propio cristianismo incluye dentro de sus coordenadas teológicas al dominio secular. Lo que suele calificarse como “anti-religioso” es en realidad “anti-idolátrico”.

Clases de religión e idolatría

La idolatría, tal como es entendida transversalmente por los teólogos, dice relación con comprensiones sobre Dios que se alejan de la idea misma de Dios. O dicho de otro modo, es el decir que Dios es “X”, obviando el hecho de que no podemos conocerlo directamente. Parte de la teología advierte que el peligro de la idolatría surge cuando desarrollamos ideas positivas sobre Dios: “Dios es esto o aquello”. Y su condena es clara y consistente en toda la tradición judeo-cristiana, desde el antiguo testamento (el “becerro de oro”), hasta el rechazo a la idolatría en el Catecismo de la Iglesia Católica.

Un currículo obligatorio de clases de religión es una actividad propiamente idolátrica y por ende, anti cristiana. Donde la espiritualidad y el poder indomable de Dios se reducen a un contenido particular, uniforme y obligatorio que ha de ser enseñado en las escuelas y colegios. Nuestra posición como católicos, cristianos y creyentes debe ser de rechazo a esta comprensión idolátrica, recordando que el Dios del amor, el dios de Cristo, el dios del Espíritu encarnado en la comunidad, obra siempre de forma misteriosa ( 1 Corintios 12:6-8).

Mauricio Jullian
Estudiante de derecho
Universidad Alberto Hurtado

Acción Secular

Librepensadores por una sociedad laica.